
Pablo Martínez Vila formó parte del Comité Estudiantil de GBU en 1977 y 1978.
Con motivo de la 50 Asamblea General de los Grupos Bíblicos Unidos, queremos hacer una serie de entrevistas a personas que han formado parte del Comité Estudiantil de cada generación. Aunque la primera Asamblea se celebró en 1975, en aquel momento no había Estatutos, y por lo tanto no había Comité Estudiantil. El comité se formó en 1977 y de esta primera generación, entrevistamos a Pablo Martínez Vila, que estudió Medicina entre 1972 y 1978 y ejerce como médico psiquiatra en Barcelona.
Empezamos la entrevista conociendo el contexto, ¿cómo era en aquel momento tu GBU local?
El grupo de Barcelona era casi recién nacido y, por tanto, muy pequeño. Formé parte de la primera generación, lo que podríamos llamar los “fundadores”. Habría unos 15 estudiantes comprometidos, en especial de Medicina, y ellos fueron los que iniciaron el grupo bajo la dirección sabia y sensible de Ruth Siemens, una mujer clave en la formación del grupo.
Y en tu caso, ¿cómo te involucraste?
Desde el primer día que entré en la Universidad tenía claro que quería y debía involucrarme con GBU. Aquí la influencia de mis padres fue muy importante. Ellos me estimularon mucho a ello, conscientes de que la Universidad pone a prueba la fe. Es en este sentido que entrar en GBU era para mí casi un deber.
Si la fe no se puede vivir solo, en la Universidad mucho menos. La hostilidad en la Universidad requiere la fuerza de la comunidad, el grupo te hace más fuerte a la hora de no verte arrastrado por la corriente. Por ello desde el primer momento tuve claro que GBU es el “hábitat natural” para el universitario cristiano. Muchos jóvenes creyentes en todo el mundo han encontrado en los GBU un “salvavidas” de su fe y muchos otros han conocido el Evangelio durante su paso por la Universidad.

¿Cómo fue tu proceso de llamamiento a involucrarte en el liderazgo de GBU tanto a nivel local como nacional?
Fue un proceso natural que explico en la siguiente pregunta. Es cierto que implica sacrificio y esfuerzo, pero la visión y la misión de GBU me motivaron a asumir este plus de esfuerzo. Formar parte del brazo misionero de la iglesia en la Universidad es una motivación poderosa para cualquier joven cristiano.

Cuéntanos tres cosas que viviste o aprendiste en esa época y que hayan marcado tu vida.
Son muchas las cosas que he aprendido en los GBU. ¡y por ello me permito menciona cuatro!
1. Liderazgo. Los GBU son una auténtica escuela de líderes. Yo aprendí a ser líder en GBU. Desde el primer momento me estimularon a asumí responsabilidades como dirigir un grupo pequeño de estudio bíblico con no creyentes, presidir reuniones, planificar actividades etc. Recibía la confianza de los asesores y yo procuraba responder a esta confianza con responsabilidad. Así fue hasta llegar a la presidencia tanto del grupo de Barcelona como nacional.
Mirando atrás veo la naturalidad con la que el estudiante cristiano es adiestrado por los asesores (actualmente con la estratégica y generosa colaboración de los “Doulos”). Esta formación natural en el liderazgo es un valioso patrimonio para las iglesias locales que se benefician de este aprendizaje.

2. Valentía en la evangelización: Aprendí a poner en práctica en toda su intensidad la exclamación de Pablo: “No me avergüenzo del Evangelio porque es poder de Dios para salvación”. Tres anécdotas lo ilustran:
El año 1976 (yo tenía 21 años) en la festividad del día del libro, tuvimos la posibilidad de poner una mesa de libros de GBU en la Facultad de Medicina (algo inédito en la España de aquel tiempo). Nuestra mesa, muy modesta, quedó situada junto a una organización política de extrema izquierda y orientación trotskista. Podéis imaginar la cara de asombro de nuestros “vecinos” de mesa al ver los materiales relacionados con la Biblia, así como la sorpresa de los que pasaban. “¿Qué tendrán éstos en común?” debieron preguntarse! ¡Desde aquel día desapareció de mi vida cualquier atisbo de timidez en la presentación del Evangelio!
Aprendí valentía también porque nuestro testimonio en la Universidad estaba siendo “vigilado” por la policía (cualquier reunión de más de 10 personas era teóricamente ilegal). Todos los miembros del comité de Barcelona estábamos fichados. En la primavera de 1975, cuando Franco aún vivía, se presentó un día la policía en casa para hacer preguntas sobre las actividades de GBU. Fue un interrogatorio educado, pero ¡interrogatorio al fin y al cabo!
La tercera anécdota ocurrió en el campamento de Semana Santa de 1977 (en aquella época era la actividad nacional más importante). Para celebrar el campamento se requería un permiso gubernativo que, en esta ocasión, nos fue denegado. Decidimos celebrar el campamento sin el permiso arriesgándonos a una fuerte multa o acaso algo peor. Yo era en aquel momento el presidente del Consejo Universitario por lo que tuve una buena ocasión de recordar que “no nos ha dado Dios espíritu de cobardía”.
3. La fuerza del grupo. Aprendí la importancia de unir fuerzas en la evangelización, la fortaleza del testimonio en grupo. En la Universidad el creyente aislado, “el llanero solitario”, tiene más complicado el dar testimonio de su fe y, como ya he dicho, guardar su fe. El nombre es realmente inspirado: grupos bíblicos unidos. Jamás habría logrado hacer solo lo que hicimos juntos en grupo y unidos. Como dijo una vez un estudiante, “¡si no existiese un GBU habría que crearlo”!
Un ejemplo notable de esta sinergia de fuerzas ocurrió en1977 cuando el GBU de Barcelona organizó un acto público con motivo de las primeras elecciones democráticas. Logramos reunir a los líderes políticos de primera línea en Catalunya, todos juntos, derechas e izquierdas, en una iglesia. Fue un hito histórico. Éramos pocos (no más de 20-25 estudiantes activamente involucrados), pero teníamos la fuerza y la cohesión que da el grupo, por supuesto con el poder y la guía del Señor.
4. La centralidad de la Biblia. Dejo para el final este aspecto porque es el que ha tenido más trascendencia en mi persona. Lo más importante que aprendí en los GBU fue la relevancia de la Biblia para todos los asuntos de la vida, grandes y pequeños. Descubrí el poder inigualable del estudio bíblico como instrumento de evangelización y de discipulado.
Lo más importante que aprendí en los GBU fue la relevancia de la Biblia para todos los asuntos de la vida, grandes y pequeños. Descubrí el poder inigualable del estudio bíblico como instrumento de evangelización y de discipulado.
GBU impregnó mi vida de un respeto y un valor por la Palabra de Dios que me han marcado de manera decisiva. Doy gracias a Dios de que los GBU hacen honor a su nombre – Grupos BÍBLICOS Unidos. Es mi deseo y oración que siga siendo así siempre.





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