La experiencia del Verano GBU

17/09/2024
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Verano gbu 24

 
Ana Costache, una estudiante de gbu en Ciudad Real, nos cuenta que supuso para ella el Verano GBU y lo que se lleva de esta semana en Monte Olivos.

 

 

Hemos sido retados a decir que sí a nuestro llamado de vivir y compartir el Evangelio en nuestras vidas, a perseverar y potenciar las cosas buenas de nuestra cultura.

 

 

Al principio del campamento (incluso antes de pisar Monte Olivos), algunos preguntan «¿Qué expectativas tienes para este campamento?». Yo me suelo quedar en blanco cuando me preguntan eso, quiero que Dios me sorprenda sin esperar nada. Y así ha sido en este Verano GBU.

 

Conocer personas que tienen situaciones parecidas a la tuya, que te escuchan de forma empática y no dudan en decirte palabras de ánimo son la forma que Dios usa para recordarte que no estás solo como estudiante creyente y la carga (y privilegio) que eso conlleva. Que no estás solo en tu día a día en la universidad, que Dios ha puesto llamitas de luz en todas las partes de España. No eres el único coordinador que tal vez no tiene más compañeros en el comité, no eres el único cuyos amigos no se animan a acudir a ninguna reunión de GBU, no eres el único que está luchando con sus dudas sobre la fe, no eres el único que necesita de la guía de Dios para un futuro incierto. Sentirse acompañado es fascinante. Y cuando escuchas historias de amigos de gbusitos que responden al Evangelio y dan un paso hacia Dios, cuando escuchas de creyentes jóvenes que refuerzan su fe y que ven a Dios contestando sus preguntas y dudas, cuando ves oraciones contestadas… te sientes inspirado. No tenía expectativas antes del campamento, pero sí sé cómo me ha cuidado Dios en el campamento: me ha provisto acompañamiento, oídos y abrazos empáticos e ilusión para seguir sirviendo a Dios en la universidad.

 

Entre las risas, los juegos, los bailes y hacer pulseras, también fuimos retados por las cosas que aprendimos en las exposiciones bíblicas, los devocionales, los EBI y los talleres. Preguntas como «¿Qué hábitos tienes que dejar para acercarte más a la vida de Jesús?», «¿De qué manera debería afectarte la verdad de que Dios te ama?» o «¿Cuál es la vergüenza de la que te puede liberar Jesús?» nos invitaron a la reflexión no solo para los tiempos de silencio, sino también para el resto del verano. Las preguntas que comentamos en los minigrupos, donde pudimos acercarnos más a nuestros compañeros y escuchar sus historias, nos ayudaron a conectar lo que aprendimos con nuestro día a día. 

 

Por último, hemos sido retados a decir que sí a nuestro llamado de vivir y compartir el Evangelio en nuestras vidas, a perseverar y potenciar las cosas buenas de nuestra cultura (podemos ver a Dios en la bondad, la belleza, la misericordia y la verdad, incluso en este mundo), y al reto de no vivir para nosotros mismos, ser agentes de cambio y modelos de una vida en abundancia en este mundo.

 

«De oídas te había oído, mas ahora mi ojos te ven». Job 42:5

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